ensalada mixta

LA DIETA NO DEBERÍA SER UNA RELIGIÓN

la dieta no es una religion, doctor pedro

Si, la dieta no debería ser una religión, ni un partido político, ni un equipo de fútbol. Con esta frase quiero decir varias cosas. La primera es que no existe “la dieta suprema, única y universal”. No hay una dieta que sea la mejor para todo el mundo, en todas las ocasiones. Y no la hay, porque todas las personas no somos iguales, ni la misma persona funciona de la misma manera continuamente, ni todas las semanas son idénticas. Los seres humanos tienen características diferentes. Por ejemplo, el mismo medicamento que a un paciente le relaja y le induce el sueño, a otro le produce una crisis de ansiedad. De hecho, cuando se afirma que una medicina es eficaz, quiere decirse que da resultados en la mayoría de los pacientes, tal vez el ochenta por ciento, pero no en todos. Las diferencias individuales son importantes.

Las circunstancias también varían: no es lo mismo el verano que el invierno, ni la semana de puente es igual que la semana ordinaria.

La salud y la condición física deben tenerse en cuenta. Un tratamiento dietético debe adaptarse a los enfermos con patologías crónicas (diabetes, asma, hipertensión, hipotiroidismo, etc). También es importante sopesar el consumo de medicamentos, ya sea ocasional o crónico. Finalmente la actividad física realizada habitualmente, escasa, moderada o intensa, es un factor más a valorar cuando componemos un tratamiento dietético.

El segundo argumento que quiero exponer es que “los talibanes de las dietas” se limitan innecesariamente. Por “talibán” se entiende a aquel que considera una creencia, en este caso, una dieta, como la única correcta y se opone a los demás puntos de vista de forma activa y vehemente. El “talibán dietético” razona que si una dieta le ha funcionado, es que es buena, y, si esa es buena, todas las que sean diferentes serán necesariamente malas. Este punto de vista simplista e ingenuo es incapaz de darse cuenta de la diversidad de personas y circunstancias que componen la vida. Decimos que se limitan innecesariamente porque no hace falta seguir siempre el mismo sistema, cambiando con un criterio inteligente podrían conseguir mejores resultados.

El tercer tema que, para terminar, vamos a comentar es que un tratamiento del exceso de peso que se base en procedimientos meramente dietéticos, está condenado a obtener un elevado número de fracasos. Y precisamente eso es lo que hacen los que se aferran la dieta X como si fuera la panacea. La nutrición es un factor esencial, pero empleado aisladamente es poco eficaz. Si ha leído esto, tal vez se le haya ocurrido: “¡Claro, falta ejercicio!”. Pues no, no van por ahí los tiros, aunque es verdad que el ejercicio bien hecho es excelente para la salud y un elemento muy útil para tratar el exceso de peso, no es lo más importante (de hecho, tengo muchos pacientes que tienen limitaciones físicas, que no les permiten ni siquiera andar con normalidad, y ello no les impide adelgazar). La clave en el tratamiento del exceso de peso es algo invisible: es nuestra mente, nuestras actitudes, emociones y juicios de valor. Suele oírse que las dietas no funcionan: lo que se quiere decir en realidad, es que no funcionan porque no se hacen bien. ¿Y qué es lo que nos impide hacerlo bien? No hay ninguna dificultad física, no es como si nos pidieran hacer ahora cien flexiones de brazos, cosa que la inmensa mayoría de nosotros no sería capaz de conseguir por más empeño que pusiéramos en el intento.

Si adelgazar dependiera solamente de poner un tratamiento dietético puedo garantizar que la obesidad desaparecería en dos años de la faz de la tierra. ¿Qué es lo que hace que alguien coma lo que no le conviene y no lo que si le conviene? : la falta de claridad en sus deseos, no saber manejar sus emociones y exagerar el impacto de sus sensaciones e impulsos. Independientemente de lo bien diseñada que esté una dieta, si no se realizan cambios permanentes en nuestros hábitos mentales, los resultados serán poco consistentes. No hay dietas milagro.

Entonces, si ha tenido la amabilidad de seguirme hasta aquí, tal vez se esté todavía preguntado ¿qué dieta o que “lo que sea”, hace usted?. Para empezar no sigo una dieta o una escuela concreta: puedo usarlas todas y, cuando lo necesite, inventar alguna nueva, e incluso, no hacer dieta alguna. Todo programa dietético tiene sus ventajas y sus desventajas, ninguno es perfecto ni universal. Así que según las características del paciente y sus circunstancias se elige una u otra dieta cada semana. Sí, cada semana se debe volver a valorar al paciente y su situación, y, la mayoría de las veces, cambiar la dieta. Dado que muchos de los pacientes con sobrepeso vienen con enfermedades y medicación crónicas, es necesario que esta valoración semanal la realice un médico. De hecho todo tratamiento dietético implica una intervención sobre multitud de procesos biológicos, por lo que debería ser supervisado por un médico. Busco la actividad física que mejor se adapte a cada paciente, pero, sobre todo, soy siempre consciente de que la verdadera batalla no está en el plato, sino en la mente del paciente, porque el que un@ paciente haga bien la dieta o el ejercicio va a depender de el-ella mism@. Por eso considero que el médico además debe estar formado en psicoterapia, nutrición y en la aplicación del ejercicio a la salud. Esta es mi forma de trabajar.